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31 de octubre de 2010

De muchas esencias

Con el correr y el paso del reloj, los días se han vuelto horas y las horas se han convertido en segundos. Los lugares se transformaron en convertidores de sensaciones en donde me envuelvo casi de manera invisible sobre diferentes personas y siluetas, de muchas esencias, así de la misma forma, como mi abuelo relató aquella tarde junto al sol, al son de reminiscencias, un viejo hermoso tango seductor que por siempre marco nuestras vidas y que hoy recuerdo con ambición.

De muchas esencias recorro de manera muy especial desolados tumultos de personas por encima de viejas calles y donde puedo sentir el peso primaveral en la transformación de viejos troncos desesperados, por encontrar una salida digna dentro de miles troncos estructurales que me envuelven como si mi existencia estuviera inmersa dentro de una soñada maqueta de arquitectura. Todo parece florecer.

De muchas esencias todo se vuelve cautivador, desde el sol por las mañanas hasta la ultima cornisa del callejón y me saludan amablemente, todo parece florecer incluso en la manera en que mueves tus labios y me saludas después de beber un espumoso café para saciar el efecto de mis ojeras, las cuales poco a poco se hacen parte de mi, un espumoso café testigo de nuestros horarios interminables en que no suelto tu boca sobre la mía.
Me declaro incompetente para soltar tus frágiles brazos sobre mi cuerpo, me balanceo entre un metro cuadrado de ropaje impuesto solo para ti y del cual me he vuelto usuario privilegiado, apenas transcurren los segundos descubro, te descubro desde lo intacto hacia la evolución de mi tacto diseñado solo para recorrer tus curvas matemáticamente perfectas. Lo digo sin remordimientos mientras te muerdes sutilmente tus finos labios y en el cual yo deseo morder sin remordimientos.
Desde que el café se vuelve historia y tus historias ya me tienen en vilos, descubro como su cadera es mi parábola perfecta, su cuerpo se ha vuelto mi plano cartesiano favorito en el cual descubro literatura, poesía y música en su interior.

Tu boca se ha convertido en un callejón obscuro sin salida y del cual no me animo a escapar, de un momento a otro traigo consigo toda la brisa marina que recogí durante las infinitas veces que permanecí en Playa Brava, ahora guardo bravisimas historias en pos de encandilar aquellos bravisimos ojos que esperan con paciencia el termino de mis palabras. Tus bravas pupilas me dejan sin respiración como efecto colateral y la brisa se me hace innecesaria.
Posees el don de no preguntarme muchas cosas, es como si supieras mejor que yo que las preguntas destruyen las metáforas y los pensamientos demasiado inútiles para las personas y que para mí cobran un sentido infalible para sobrevivir. Posees el arte para esbozar expresiones y disimular entre palabras toda la pasión que arrastras en mis ojos. No existen secretos en los ojos de las personas que saben esbozar una expresión como si conocieran cada musculo que conforma el rostro humano.

De muchas esencias inventamos maneras para amoldar el paso de los días, inventas nuevas formas de hacerme caer una noche más junto a ti, tienes la capacidad de crear laberintos con tus sabanas y atraparme en el epicentro de mi boca cuando creía que ya nadie anhelaba sumergirse por completo. Posees el don de fumarme como a uno de tus cigarrillos favoritos y me esfumo dentro de ti como cual humo en libertad absoluta. Me sorprendo.

De muchas esencias siento la esencia de sumergirme entre los sueños más recurrentes de los viejos amantes, aquellos amantes que tal como yo, empezaron a fluir desde lo intacto a lo venidero, desde lo incierto a lo ascendente, desde lo superficial a lo esencial como simples historias divagadas y compuestas de muchas esencias.



3 de octubre de 2010

Son luciérnagas queriendo fugarse hacia los ojos


Las pecas son luciérnagas queriendo fugarse hacia los ojos de la manera mas bella y sutil que posiblemente una mirada jamás podría igualar.

Al pasear entre adoquines, que en cuya genética saborea aún los ingredientes traídos desde las entrañas de la tierra, yo te encuentro, de manera un poco alborotado, bajo esa fragancia que levanta la arena sobre la acera. Esa misma arena, con ese mismo tono marrón que descubro al rededor de tus ojos y que forman de manera irracional constelaciones de luces que brotan infinitamente e iluminan todo lo que la inercia de sus movimientos puede lograr.

Me miras cuando mis ojos no logran contacto con los tuyos. Te miro cuando cierras los ojos, en donde los cuales se transportan hacia un mundo onírico, tal vez, pero no me importa, tus pecas lo iluminan todo y me penetran como quién mira las estrellas en luna llena.

Las pecas son luciérnagas queriendo fugarse hacia mis ojos, desde entonces me las paso deseando, y aunque jamás me pertenezcan, no me importa. Hay pecados peores.