Algo seduce, y sucede es la palabra. Me lo pregunto a diario mientras miro ese arte nuevo a través de mi balcón, infinito puede ser, recostado, evitando tocar mis pulmones, me esmero y me concentro en un solo punto y no me encuentro, no encuentro el esquema o el codice ideal. No me hallo todavía sonriendo solo cuando amanece, creí en un momento que podría levantarme y hacer como si mi vida había cambiado. Mi vida cambió, de alguna forma un poco abstracta y solo yo puedo verlo y verme ausente en la estación. Todo llegó como las ganas de cambiarme de paraíso, de manera impulsiva y un tanto fugaz, queriendo hacerlo de la manera más sencilla y sin un perfil conocido.
Todo llegó como aquella melodía de trompetas y acordeones revolviendo mi cabeza como un péndulo poseído por una carga extraña de energía que jamás sentí antes. Kilómetros y kilómetros anduve y en cada uno podía sentir esa fuerza que aniquilaba el flujo normal de mi interior y me contradecía todo el tiempo. Pero los kilómetros me llevaban hacia mis sueños, es el grado de conciencia mas abrumador que hay, yo sabía con lo que me iba a encontrar, ¿mis sueños? habían pasado a un segundo plano. Los colores y la noche me hablaban a cada segundo, las estaciones me daban la bienvenida de la manera más incomoda posible. Sabía muy bien lo que estaba sucediendo, sabía muy bien que debía partir y mirar la otra cara del sol, me abrumé como hace mucho no lo hice, me contuve y nuevamente la melodía me decía que debía seguir mi camino.
He sonreído más de lo que he hablado, he fotografiado más de lo que he respirado, el jubilo constante y el regocijo levitante me tienen sorprendido, he caminado más de lo que he pensado, los míos siempre estarán allí, he surgido y aprendido que los seres humanos vienen y van con un propósito, ni siquiera yo me entiendo. He vencido mis más grandes temores y he salido airoso, por ahora, corriendo por estampidas de personas y cosas que mi retina no estaba acostumbrada.
Me encuentro como una bicicleta encadenada, queriendo soltarme al fin y recorrer esos mismos rincones que había manchado una vez con mi aroma de sangre. Recogiendo las cenizas con el rostro descubierto, al unísonos bajo el mismo ritmo de pedales adolescentes. Todo eso ansío cuando me pierdo mirando por el balcón, cada día mas infinito que ayer.
Algo seduce, y sucede es la palabra, lo repito como si no me doliera, no me da pudor reconocerlo, me siento mejor preparado y seguiré buscando la imperfección cuando todo se vea perfecto. La ansío con todas mis fuerzas, porque todo llegó como surgió. Te juro que gritaré cuando todo esto me duela y espero que sueltes tus acuarelas bajo el mismo ritmo de pedales adolescentes.
No se ni el motivo de todo esto, pero no dificulta el paso de mis días, solo los maquilla con la misma luz que maquilla tus facciones del otro lado de la ventana, es arte del nuevo que quiero ir descubriendo a medida que sucede el tiempo bajo mis hombros. Me estudio de memoria las posibilidades pero no me entrego al sueño de ser cómplice de esos ojos, esos ojos tan misteriosos y perfectos que cada vez que los imagino de cerca, desaparezco de la normalidad.
Algo seduce, y sucede es la palabra. Algo que aún no se muy bien pero día tras día me seduce un poco más.